Dos minutos de conversación pueden hacer la diferencia entre mantener opiniones radicalmente opuestas y lograr un consenso. Discutir en grupos pequeños mejoraría la toma de decisiones y acercaría más a la respuesta correcta, en lugar de realizar consultas individuales a grandes multitudes.

Frente a la pregunta ¿Cuál es la velocidad promedio de las gotitas que salen en un estornudo? ¿Qué respondería? probablemente su respuesta inicial sería no sé, y luego diría cualquier número que se le venga a la cabeza.

Imaginemos dos casos. A un grupo de 100 personas se le plantea la siguiente pregunta: ¿Cuántos goles se marcaron en la última copa mundial de fútbol? cada persona puede responder de manera libre.

En el segundo caso se repite la misma pregunta pero se pide que para responder, las y los participantes se dividan en grupos 4 personas (25 grupos en total) .

En ambos casos es posible que el valor promedio de todas las respuestas se acerque al valor real. Esto se conoce como sabiduría colectiva. Pero un estudio realizado por investigadores de Argentina, Reino Unido, Estados Unidos y Alemania sugiere que la toma de decisiones en grupo mejora mucho los resultados obtenidos ¿La razón?

Durante la discusión del grupo se logra poner en evidencia las falencias del razonamiento individual, y el debate nos ayuda a mejorar los argumentos originales que teníamos para elaborar una determinada respuesta.

El equipo de investigación, que el año pasado publicó sus resultados, quiso profundizar el estudio y se preguntaron: ¿qué sucedería se cambian las preguntas generales por preguntas que aborden temas morales o éticos, que frecuentemente generan respuestas polarizadas?.

En el artículo titulado “Alcanzando consensos en debates morales polarizados“, enfrentaron a un grupo de más de 3000 personas, a cuatro escenarios ficticios que debían evaluar en dos categorías: completamente inaceptable o completamente aceptable.

Tras una ronda de respuestas completamente individuales, se conformaron grupos de tres presonas, en forma aleatoria, y se les asignó un tiempo de conversación de dos minutos para debatir cada una de las preguntas elaboradas a partir de cada una de las cuatro situaciones ficticias planteadas. Cada equipo podía o no llegar a un acuerdo, en caso de que se lograra un acuerdo, debían entregar la calificación de grupo.

Finalmente se evaluó una vez más las respuestas individuales de cada uno de los participantes.
Los resultados del estudio sugieren que personas con opiniones moderadas juegan un papel importante en resolver desacuerdos, y que su confianza o seguridad es un factor influyente, especialmente en personas con opiniones radicales, pero con poca confianza en sus respuestas.

La gráfica de arriba muestra la probabilidad de que se despolarice una opinión en función de qué tan parecidas o distintas sean las opiniones originales, donde 0 corresponde a opiniones totalmente opuestas y 1 a opiniones iguales. En negro y gris se destacan los grupos que lograron o no llegar a un acuerdo (imagen adaptada del estudio original)

Los autores concluyen que para aumentar la probabilidad de alcanzar un consenso sobre asuntos de juicio moral incluir moderadores en la discusión es clave. Esto hallazgos podrían ser aplicados en situaciones de término de conflicto y también en el debate en temas de políticas públicas.

Esta investigación provee una nueva perspectiva de cómo las personas alcanzan consensos en temas controversiales donde la moralidad individual está envuelta.

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