En un estudio publicado en la revista science da cuenta de cómo las ratas aprenden y disfrutan de jugar a las escondidas. Basados en análisis de las respuestas en su corteza prefrontal, y en las elaboradas capacidades cognitivas que requiere este juego sugiere que este infantil juego podría ser más antiguo de lo esperado.

Que los mamíferos juegan no es un gran misterio, además de los seres humanos, otros primates, perros y muchos otros mamíferos, se deleitan con los juegos y ocupan parte de su tiempo en actividades de ocio, pero los detalles evolucionarios, cognitivos y neurológicos  de los mamíferos mientras juegan aún no se entienden del todo y menos en un juego tan complejo como las escondidas. Donde se necesita asumir roles, seguir reglas, buscar un escondite etc.

En un artículo liderado por Michael Brecht de la Humboldt-Universität de Berlín, Alemania, publicado recientemente en la revista Science, se experimentó con ratas y su habilidad para aprender un juego, en este caso las escondidas (Hide and seek en inglés)

El experimento contó con un tiempo de adiestramiento donde se les enseñó a las ratas a jugar ya sea a buscar al ser humano o esconderse de él. Finalmente si la rata era encontrada o si está encontraba al ser humano, no había premios en comida y otro estimulante más que cierta interacción entre ambos, un pequeño cariño hacia el roedor. 

Tras dos semanas las ratas aprendieron a jugar y se convirtieron en jugadores estratégicos. Dicha estrategia consistía que cuando buscaban, primero visitaban  lugares donde ya se había escondido antes el humano, y usaron pistas visuales. Mientras que cuando se escondían preferían hacerlo en cajas opacas o cajas de cartón en vez de las que eran translúcidas.  Además se comportan de manera distinta cuando buscan que cuando se esconden, reflejo de ello era su actividad cerebral y la emisión de sonidos. Lo interesante es que ni buscar ni esconderse cumplen otra función más allá del juego.

Los autores defienden que estas ratas realmente juegan por jugar, algo que no es fácil de demostrar. Esta hipótesis de jugar por jugar aunque parece sencilla u obvia, en realidad requiere de representaciones mentales complejas, como la diversión, comprensión del juego y jugar).

Segun se puede leer en el artículo, las ratas emitieron muchos sonidos y se entusiasmaban por jugar, al menos eso refleja su actividad cerebral, pero se cansaban tras unas 20 sesiones. Esto permite concluir que los aspectos motivacionales en el caso del juego son diferentes de los experimentos donde se proporciona alimento como recompensa. En dichos experimentos hay poca evidencia de emisión de ruidos y las ratas no se cansan de repetir las sesiones, incluso centenas de veces. Otra aspecto interesante es que el comportamiento de las ratas parece con propósito, ya que prefieren esconderse en lugares opacos en vez de cajas transparentes, o sea que se esconden por esconderse en vez de esconderse para ser encontradas. 

Tercero, las ratas tienden a ser más silenciosas cuando son encontradas, al contrario, se emocionan y emiten más ruidos cuando encontraban a su compañero de juegos. Finalmente, cuando las ratas eran encontradas tienden a re-esconderse, prolongando de esta manera el juego y postergando la “recompensa” de la interacción con el otro jugador. Estas son las evidencias que refuerzan la idea de que realmente están jugando simplemente por jugar.

La importancia de este estudio, es que permite estudiar importantes aspectos en neurobiología, como la toma de decisiones, motivación, desarrollo de roles, y ubicación o localización, en un contexto más complejo de comportamiento sin restricciones como en otros experimentos. Estos estudios en ambientes menos restricticos, que los usuales experimentos de sí o no, podrían ofrecer nuevos descubrimientos en la conducta animal.


Todas las imágenes fueron adaptadas del artículo original “Behavioral and neural correlates of hide-and-seek in rats”  publicado por revista Science disponible aquí

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