Modelos de innovación: ¿lineales o de tres, quizás cuatro hasta cinco hélices?

Publicado : 06 mayo 2022

Investigador de la Universidad Autónoma de Chile señala que es necesario asumir que los impulsos o procesos de innovación no son exclusivos de la Universidad o centros de investigación con disciplinas específicas, pueden existir en diferentes áreas: las escuelas, los ejes comerciales, las ONGs, las pymes, pueblos originarios, entre otros.

El término «hélice» es una importación conceptual de la biología que proviene de modelo doble hélice de ADN de Watson y Crick equiparando los procesos de innovación a la idea de metabolismo. En este sentido, el modelo de la triple hélice -propuesto por Etzkowitz y Leydesdorff- apunta al desarrollo de ecosistemas de innovación que intentan superar el caducado modelo lineal entre gobierno y universidad.  

En el modelo lineal la innovación es entendida como el proceso que va desde los centros de investigación y desarrollo, el gobierno y luego, si hay resultado son transferido al mercado. «El clásico modelo de transferencia dominante en nuestro país» plantea Marcos Cereceda Otárola, investigador del Instituto Iberoamericano de Desarrollo Sostenible de la Universidad Autónoma de Chile y coautor de un paper sobre este tema.  

La aplicación de «hélice» en innovación permite así la creación de ecosistemas de interacción simétrica entre la Universidad (primera hélice) la empresas o industrias (segunda hélice) y el Gobierno (tercera hélice). «Este punto es importante ya que descentra el impulso de los procesos de innovación, este no solamente proviene desde la universidad o centros de investigación, también puede venir de necesidades de cualquiera de las tres hélices; empresas o gobierno» complementa el investigador.  

Y agrega: «incluso puede ser multidireccional, en un sentido u otro. Este modelo es el dominante en Estados Unidos y en Europa: es mucho más dinámico y realista que los modelos de innovación lineales». Para el investigador esto es relevante por que obliga a la universidades o centros de investigación a adecuarse a los cambios e impulso innovadores que suceden por fuera de sus fronteras, ejerciendo paralelamente una efecto democratizador.  

La innovación deja de concebirse como parte de una actividad exclusiva de tres o cuatro investigadores o inventores reconocidos en áreas específicas, sino que también puede venir desde otros lugares y marcar trayectorias novedosas. «Con este modelo, cuando hablamos de hélices, nos referimos a ecosistema en los que las Universidad, las industria y el gobierno están en constante interacción e intercambio, esto se ve reflejado por ejemplo en la creación de los parques tecnológicos al interior de los recintos universitarios» ejemplifica Marcos Cereceda.  

Cuarta hélice

Investigaciones recientes han actualización el modelo con la inclusión y/o reconocimiento del impulso innovador y disruptivo que puede tener o tiene la ciudadanía. «Tradicionalmente se le ha situado como meros receptores o consumidores de las tecnologías disruptivas o novedosas, pero esto concepción en Europa y Estados Unidos esta caducada» analiza el investigador de la Universidad Autónoma.  

Y agrega: «existe la innovación o la ciencia ciudadana, la que puede ser más importante o tener un mayor impacto en la sociedad que muchas de las invenciones que operan en los modelos clásicos, no solo nos referimos a proyectos de divulgación».  

Es en la «cuarta hélice» en que según Etzkowitz y Leydesdorff las organizaciones ciudadanas pueden tener la iniciativa frente algún tipo de problema, exigir o marcar las líneas de investigación que han de seguir universidades y centros de investigación, siempre siguiendo un modelo de interacción multidireccional, simétrica y dinámica.  

Así se evita, como señala Marcos Cereceda, que la acción de las universidades (primera hélice) vaya por derroteros diferentes a las necesidades de las empresas o de las organizaciones ciudadanas, «no olvidemos que en ocasiones se realizan investigaciones que solo interesan al investigador/a y no tiene más impacto que acrecentar los currículos individuales».  

En este sentido, el investigador hace un llamado a entender que la innovación no es monopolio de las disciplinas técnicas, la creatividad y el talento no están garantizados con un título. Pero, de todas maneras, estos procesos se han de identificar y mapear para rearticularlos en un sistema en red en las que las ideas pueden circular y escalar para que tengan un impacto transformador y no se reduzca solo a políticas de vinculación con el medio.  

«El concepto de hélice en innovación lleva años de vigencia en norte global es a penas conocido en nuestro país. Creo que la hipótesis es cada vez más clara: no existe un modelo de innovación avanzado o disruptivo a nivel teórico y empírico, con mucho esfuerzo nos cuesta hacer interactuar de manera bidireccional la empresa con las universidades, con mayor razón costará incluir en estos procesos las organizaciones ciudadanas más allá de ser meros receptores» reclama el investigador.  

Pero esto puede cambiar quizá una de las claves es que las universidades extiendan los Livin Lab, Fab Labs y parques tecnológicos, para que las empresas y la ciudadanía tengan residencia y acogida en los entornos de investigación, lo que ya se hace en Europa. «Hoy en los países avanzados se fomentan de modelos de 4 hélices o de 5 hélices -se incluye las organizaciones medioambientales-, en cambio en nuestro país a penas comenzamos a articular proyectos de 3 hélices, y quizá muy anclados en la lógica lineal, no en la cultura simétrica, interactiva o democrática».  

Un papel especial para la comprensión de estos fenómenos está en la investigación en políticas tecnológica, los estudios de Ciencia, Tecnología y Sociedad (CTS) y especialmente los investigadores sociales.  

Cereceda Otárola, M.; Roig de Zárate, J. Barcelona no es Silicon Valey: Una aproximación crítica al modelo “Hélices de la innovación”. Athenea Digital, 22(1), e2770. https://doi.org/10.5565/rev/athenea.2770

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