La rebelión silenciosa de jóvenes por la igualdad de género en el ámbito laboral y familiar

Una nueva investigación señala que, aunque en el ámbito público los y las jóvenes prefirieren formas de empleo tradicionales, en el ámbito privado estarían empujando los límites culturales hacia la corresponsabilidad en la organización doméstica y familiar.

Chile ocupa el puesto 62 a nivel global en el Índice de Desarrollo de Género, según el 30° Informe Global de Desarrollo Humano 2020 del Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo, lo que refleja desigualdades persistentes entre hombres y mujeres en diferentes dimensiones, las que incluyen áreas centrales de la vida social, tales como el trabajo remunerado y la organización de las responsabilidades familiares.

A pesar de los avances logrados en las últimas tres décadas en materia de políticas públicas orientadas a promover la participación de las mujeres en el ámbito público, en especial en el trabajo remunerado, aún persisten importantes desafíos. La división sexual del trabajo y los mandatos culturales que asignan a las mujeres la responsabilidad principal por el trabajo doméstico y de cuidado, constituye una barrera crítica para su participación laboral efectiva.

Las generaciones jóvenes han sido parte activa de las demandas por mayor igualdad a nivel nacional, liderando el mayo feminista de 2018 y las masivas marchas del 8 de marzo, movimientos que han sido catalogados como las manifestaciones del Feminismo chileno más importante en los últimos 40 años. En este periodo, los roles de género, en especial en eje trabajo-familia se han ido flexibilizando, permitiendo a las nuevas generaciones, que hoy se preparan para ingresar al mercado laboral, mayores opciones para imaginar trayectorias personales, pero no exentas de tensiones y barreras en el entorno legal y laboral.

Una nueva investigación exploró las posibles tensiones, inherentes en el proceso de navegar el cambio cultural, en un grupo de estudiantes chilenas(os), a través de dos preguntas de investigación principales: ¿qué formas de organización de las responsabilidades familiares y laborales son favorecidas por los y las jóvenes?, y ¿existen diferencias significativas entre las preferencias de hombres y mujeres?

El estudio contó con una muestra total de 500 estudiantes de Enfermería, menores de 30 años, provenientes de dos universidades de Talca, una pública y una privada. El 76.2 % de la muestra eran mujeres y el 23.4 % hombres, con dos personas (0.4 %) que marcaron la categoría de otro.

Para explorar sus preferencias laborales y familiares el equipo de investigación aplicó una encuesta sociodemográfica con opciones de selección múltiple, mientras que para indagar en la planificación de la vida familiar y laboral se utilizó una escala de orientación hacia la integración trabajo-familia, utilizando una escala Likert de 5 puntos en el eje acuerdo-desacuerdo, permitiendo establecer cuatro posibles tipologías de distribución de tareas:  Transicional, Provisión de ingresos, distribución de tareas igualitaria y distribución dependiente. Ambas encuestas fueron respondidas en papel y en forma anónima por las y los participantes voluntarios del estudio.

Los resultados de la encuesta sociodemográfica indican que la principal motivación de las y los jóvenes encuestados para estudiar enfermería es el deseo de cuidar a otros (55 %), seguido de la satisfacción personal (48 %), sin diferencias según género o tipo de institución (pública o privada).

La estabilidad profesional (17%) y la remuneración (4 %) aparecen como motivaciones marginales que, como sugiere el equipo de investigación, podría tener relación con la falta de responsabilidades financieras o familiares propias, debido a la etapa de vida en la que se encuentran las y los jóvenes encuestados, o bien por la representación de la carrera como una opción fundamentalmente de servicio y cuidado.

El 64% de los y las jóvenes encuestados se inclinan por trayectorias laborales relativamente tradicionales, como el empleo asalariado en el sector público, en contraste con un 15% que se proyecta trabajando en el sector privado.  Aproximadamente el 60 % piensa seguir estudios de postgrado o de especialización y solo un 6,8% se inclina por formas menos habituales como el empleo por cuenta propia.

En relación con el ámbito familiar, un 9 % de las y los participantes estaba casado(a) o convivía al momento del estudio; un 60 % tiene entre sus planes casarse o convivir, sin diferencias por sexo, aunque estas aparecen en quienes no quieren casarse (6.3 % de hombres versus 2.7 % de mujeres) y en los indecisos, ya que un porcentaje mayor de mujeres (cercano al 30 %) que de hombres (21.4 %) marcó la opción «Quizás» o bien «No he pensado en ello», siendo la diferencia estadísticamente significativa.

En contraste una amplia mayoría (70 %) piensa tener descendencia, con más de la mitad de ese porcentaje señalando los 28-30 años como la edad idónea para el primer hijo o hija. Los datos muestran una separación de criterios en lo referido a la formación de pareja frente al proyecto de tener descendencia.

Las mujeres dan mayor importancia a su propia situación laboral al momento de pensar en el nacimiento de un hijo o hija: un 7.6 % de ellas versus un 1.3 % de los varones plantea que ello dependerá de su propio trabajo. En la misma línea, 62 % de los hombres señala que dependerá del trabajo de ambos, frente a un 55 % de ellas que afirma lo mismo.

En términos de los planes de distribución de responsabilidades familiares y laborales, la mayoría de los y las estudiantes se inclina por el estilo igualitario, en el cual hombres y mujeres comparten tanto responsabilidades familiares como laborales, sin diferencias significativas por sexo ni por tipo de institución.

En este sentido habría un distanciamiento de los modelos tradicionales de división sexual del trabajo, en favor de roles más compartidos, por ejemplo, la dependencia económica de la pareja no encuentra aceptación entre los y las jóvenes participantes del estudio. Sin embargo, los varones muestran mayor interés en mantener el rol de proveedores principales, lo que supone que, aunque se incluya el cuidado dentro de los ideales de paternidad, la provisión de ingresos mantiene un rol central en las aspiraciones masculinas en la familia.

En conjunto los datos plantean que las y los jóvenes consideran la posibilidad de asumir la díada provisión de ingreso/cuidado bajo un arreglo distinto de la biparentalidad o la división de tareas por sexo, empujando los límites culturales de la actualización de roles de género en el espacio privado de la familia, al pensar la organización de la vida doméstica y familiar en términos del ideal de corresponsabilidad, con una distribución más equitativa de las tareas entre hombres y mujeres.

No obstante, el equipo de investigación advierte que esta rebelión silenciosa que cruza los ejes de género y relaciones laborales, marcando la aspiración por igualdad de género en relaciones históricamente consideradas «privadas» tendrán que enfrentarse a los contextos estructurales e institucionales, como la legislación y el entorno laboral lo que podría ralentizar el cambio.

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