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María Paz Ilabaca


Reportaje María Paz Ilabaca

29 de julio 2019

María Leonor Rojas o «la tía Negra», como la conocen en Colliguay — Valle de montaña ubicado en la Cordillera de la Costa, comuna de Quilpué—, estaba escuchando, en radio Universidad de Santiago, la entrevista a Paulina Troncoso, investigadora de la Universidad Autónoma de Chile, sobre el eclipse, donde le consultaron, entre otras cosas, sobre qué tipo de protección debía usarse para ver directamente el Sol. Paulina comentó sobre los anteojos certificados y dijo que el Centro de Comunicación de las Ciencias tenía algunos para distribuir en las actividades que estaban organizando.

«En pedir no hay engaño dice el dicho. Así que llamé para preguntar si podían regalarnos algunos lentes para hacer una actividad con los vecinos» —comenta María Leonor. —Y me dijeron que sí». Es así como coordinó visita a Santiago y se llevó lentes para el valle, «una zona rural, por si no la conoce. Somos gentes que vivimos rodeados de cerros y buscamos motivos para juntarnos» reflexiona sobre la experiencia. Si bien los lentes los regaló la Universidad Autónoma, la entrega mediadora fue a través de Aguas Inmemoriales Colliguay, entidad coordinadora de comunidades con Derechos de Aguas Regularizados.

En la escuela Delfina Alarcón Henríquez N°433, se contactó con María Durán Fierro, profesora encargada al no existir directora, la que se entusiasmó y organizó una actividad en terreno. La escuela tiene cincuenta alumnos de primero a octavo básico, más ocho niños del Programa de Mejoramiento infantil (PMI) «a quienes no les contamos qué íbamos a hacer una caminata astronómica», indica la tía Negra.

Los profesores se dieron a la tarea de ubicar el lugar preciso para ver mirar el eclipse. “Ubicaron el hito geográfico, una especie de embudo entre cerros, donde usaríamos los lentes y habría intercambio de curiosidad entre niños, apoderados, profesores y algunos vecinos que se atrevieron. Ese 2 de Julio, la tarde mágica del Eclipse, los padres llegaron con sopaipillas, té y abrigo para el cambio de temperatura que se advirtió. Así, todos juntos salimos en busca del Sol eclipsado por la Luna. No hubo tanta información científica, lo básico seguramente, pero todos pudimos disfrutar del evento que, hasta el encuentro con los lentes, estaba lejos de ser tema,” señala María Leonor. 

Tan inspiradora fue la actividad que Pedro Olguín, o Pedrolo, nos regaló cuatro versos:
«La Luna de puro intrusa
Se metió debajo del Sol
No dándole autorización
Hizo puras escaramuzas...»

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Caminando hacia el lugar definido para la observación
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Photo of Brian Halligan
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María Paz Ilabaca
Por María Paz Ilabaca
Periodista Científica

29 de julio 2019

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