Ciencia en la Antártica profunda

Los Pingüinos Papúa (Pygoscelis papua) pueden llegar a pesar hasta ocho kilos, medir unos 90 centímetros y alcanzar hasta los 36 km/h de velocidad en el agua. En la imagen, un grupo se reúne
en la superficie de un iceberg en Bahía Fildes, Antártica. Fotografía: Nadia Politis.


Tres equipos de trabajo cruzaron el círculo polar antártico en búsqueda de respuestas a sus hipótesis de investigación. Acompañamos a los científicos Dr. Andrés Mansilla, Dra. Martha S. Calderón y Dra. Isabel Valdivia, tras la huella del calentamiento global en hielos, flora y fauna del continente más árido del mundo.

  
Nadia Politis


Reportaje Nadia Politis

14 de marzo 2019

Viajar a la Antártica es considerado un privilegio y quizás, por lo mismo, gran parte de los chilenos olvida que nuestro país es la principal vía de acceso al continente blanco. Queda a tan solo 1.240 kilómetros de la ciudad de Punta Arenas y debido a su interés científico es estudiada por investigadores de todos los rincones del mundo.

Como referencia general, es posible afirmar que la Antártica es parte de la política exterior de nuestro país. Y es por ello que, en la actualidad, la Cancillería cuenta con dos organismos que operan como asesores: el Instituto Antártico Chileno (INACH) y la Dirección Antártica. Sin embargo, esta historia es de larga data ya que en 1959, Chile junto a otros 11 países, suscribieron (y firmaron) el llamado “Tratado Antártico”, que destina el continente a la paz y la investigación científica. Cabría preguntarse: ¿Hay turismo en la Antártica? Sí, lo hay. Para ser más precisos, más de 51 mil personas visitaron la zona en la temporada 2017-2018 según INACH, pero esa historia se aleja de nuestra experiencia.

Con esos antecedentes en carpeta, nos unimos a la Expedición Científica Antártica (ECA) en su versión número 55. Acompañamos a científicos de la Universidad de Magallanes (UMAG) y del Centro de Estudios del Cuaternario (CEQUA) en el análisis de flora y fauna antártica. Para ser más específicos, macroalgas rojas, pardas, calcáreas y filamentosas, junto a parásitos de peces género Harpagifer antarcticus.
Ciencia en la Antártica profunda
A través de un trabajo conjunto entre el Instituto Antártico Chileno (INACH) y la Armada de Chile se realizó la Expedición Científica Antártica (ECA) en su versión n°55. A bordo del buque Marinero Fuentealba, un equipo de científicos, marinos y comunicadores se trasladó desde Punta Arenas, en la región de Magallanes, hasta Isla Adelaida, al sur del círculo polar antártico. Fotografía: INACH.
Ciencia en la Antártica profunda
La base científica “Profesor Julio Escudero” fue inaugurada en 1995 por el Instituto Antártico Chileno (INACH) y el gobierno regional de Magallanes. Es el principal polo de investigación antártica de Chile y está ubicado en la Isla Rey Jorge, la más grande de las islas Shetland del Sur en la Antártica, y ubicada a a unos 1.240 kilómetros de distancia de la ciudad de Punta Arenas. Fotografía: Armada de Chile/Nadia Politis.
Ciencia en la Antártica profunda
Liderados por el Dr. Andrés Mansilla (UMAG), un grupo de científicos analizan las macroalgas rojas y pardas presentes en la Antártica con el objetivo de evaluar cómo se adaptan a los ambientes glaciares, marcado por variaciones climáticas, y con esto entender la incidencia del calentamiento global en el continente blanco.
Fotografía: Nadia Politis
Ciencia en la Antártica profunda
Es común encontrar al pez de roca antártico (Harpagifer antarticus) entre uno a tres metros de profundidad en aguas antárticas. En la investigación liderada por la Dra. Isabel Valdivia (CEQUA) se busca trabajar con los parásitos de este pez,para determinar si los patrones de diversidad genética de macvicaria georgiana (que parasita al Harpagifer antarticus) son congruentes con los patrones de divergencia del género en la Antártica. De esta forma, se pretende entender las relaciones parásito-hospedero. En la imagen, la especie es observada por una buzo en la zona de Base Carvajal. Fotografía: Pamela Olmedo Rojas y Nadia Politis.
Ciencia en la Antártica profunda
El lobo fino antártico (Arctocephalus gazella) pertenece a la familia de los pinnípedos (mamíferos carnívoros) y tiene en promedio una cría al año. Pueden llegar a pesar de 110 hasta 230 kilos y es posible encontrar especies en las Islas Shetland de Sur e islas subantárticas. En la imagen, un lobo observa desde la costa de Base Carvajal, en Isla Adelaida. Fotografía: Nadia Politis.

Realizar recolección de muestras científicas en la Antártica es un trabajo arduo y se debe realizar como un trabajo en equipo. La cadena inicia con la labor de los buzos científicos especializados, que se sumergen en las gélidas aguas de hasta -2° C, luego, con la ayuda de la Armada de Chile, que a través de su dotación realiza maniobras de transporte y logística. El proceso finaliza con INACH apoyando en las labores de almacenamiento y traslado de muestras, ya que emprenderán un viaje de al menos cinco días de regreso a Punta Arenas.

A veces, los científicos reciben el respaldo de otras bases de investigación para realizar algunas paradas o capear una tormenta y, por lo mismo, el idioma se vuelve una herramienta fundamental. El Sistema del Tratado Antártico contempla cuatro idiomas oficiales: inglés, ruso, francés y español.


Vida Antártica


El continente Antártico es muy extenso. De hecho, si considerásemos que el territorio chileno tiene una superficie total de 2.006.096 km2, el 62% corresponde solo al territorio chileno antártico. Al contrario de lo que se imagina, la Antártica es un continente muy árido, el más seco del planeta, con apenas 166 mm de precipitaciones al año según cifras del INACH. Mientras que, paradójicamente, concentra el 77% de toda el agua dulce disponible en el mundo.

¿Por qué es tan importante investigar la flora y fauna antártica? Se estima que el océano austral alberga cerca de un 5% de la biodiversidad de todo el planeta, de acuerdo con cifras del Centro IDEAL. Se han identificado al menos 200 áreas de anidación y el continente cuenta con cinco especies de pingüinos, que representan cerca de un 80% del total de aves antárticas. La resistencia de la flora y fauna a las condiciones extremas y bajas temperaturas están entregando respuestas a preguntas que no solo se relacionan con el cambio climático, sino con la salud de toda la humanidad.

Se ha identificado que el compuesto llamado “Antartina”, derivado del pasto antártico (Deschampsia antarctica), inhibe el crecimiento de células cancerígenas colorrectales, hepáticas y gástricas. Y ahora, los investigadores, Dr. Andrés Mansilla, Dra. Martha S. Calderón y Dra. Isabel Valdivia, buscan respuestas en macroalgas y peces antárticos. Por su parte, en la Universidad Autónoma de Chile, la Dra. Claudia Rabert, en base a sus estudios sobre la resistencia de las especies Deschampsia antarctica y Colobanthus quitensis, busca conocer la respuesta que tienen plantas nativas del sur de Chile a las consecuencias del cambio climático. 

Según estudios de INACH, hace al menos 68 millones de años el nivel del mar bajó de la tal forma que conectó Latinoamérica con la Antártica. A través de esta conexión privilegiada, muchas especies ingresaron a América del Sur y Chile sentando los precedentes de animales y vegetales que conocemos hasta hoy. Por esta razón, sí que es importante realizar ciencia antártica y los científicos chilenos, en cada temporada de investigación, avanzan en la búsqueda de de nuevos antecedentes.

Hoy, la Antártica es identificada como el continente del futuro.

Nadia Politis
Por Nadia Politis
Periodista Científica

14 de marzo 2019

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