Riesgo de tecnoestrés en educación online

«Desde el 2019 que, con Carla Estrada del Departamento de Ergonomía de la Universidad de Concepción, comenzamos a analizar los inmensos desafíos que tiene el sistema universitario chileno para la docencia online. El estallido social y la pandemia fueron hechos posteriores, y aunque ambos muy lamentables en origen y consecuencias, han proyectado el interés por esta línea de investigación en riesgos psicosociales por el uso de tecnologías de la información» relata Alejandro Vega, investigador de la Universidad Autónoma de Chile.   

El aislamiento social, una de las mejores medidas de prevención de COVID-19, también significó un aceleramiento de un proceso de digitalización que en el caso de las universidades chilenas era «demasiado incipiente y con incongruencias tales como un discurso nacional instalado de transformación digital, del que las universidades eran parte, pero que en términos reales no ponían en práctica. Se contaba sólo con un 1% de matrícula online, con la pérdida de oportunidades de internacionalización y aislamiento del sistema, bastante desconectado de los grandes productores de conocimiento mundial» analiza el investigador Alejandro Vega y agrega que esta realidad los llevó a buscar respuestas «sumergiéndonos en el dark side de las tecnologías de información y el pensamiento tecnofóbico».  

La literatura sobre tecnoestrés, aunque crece de manera muy acelerada aún es escasa, un tema con menos de 200 artículos JCR en la Web of Science y sólo un 10% de estos dedicados a educación. «En términos generales, el escepticismo, la ansiedad y la ineficacia nos lleva a disminuir o abandonar el uso de las tecnologías de información» parámetros que se miden en un reciente estudio sobre el tema publicado por el especialista.  

Se aplicó un cuestionario de base es RED-TIC a 428 profesores chilenos, instrumento desarrollado por el Grupo WONT de la Universidad Jaume I (Castellón, España) y Nota Técnica de Prevención en España. «Probamos el instrumento en docentes en 2019, publicando los resultados en un capítulo de libro en Estados Unidos y luego procedimos con este estudio dirigido a una publicación de impacto en IJERPH en base a docentes de enseñanza básica y media de la Regiones de Valparaíso y Metropolitana».  

El cuestionario para medir el tecnoestrés se construye a partir de cuatro dimensiones, las que al agruparlas permiten identificar dos tipos de riesgos psicosociales. De esta manera, estamos frente a una manifestación de tecno-ansiedad, cuando los profesores muestran altas puntuaciones en las actitudes de ansiedad, escepticismo e ineficacia frente al uso de las TICs. Por otra parte, estamos frente a expresiones de tecno-fatiga, cuando los y las profesoras muestran altas puntuaciones en las actitudes de fatiga, escepticismo e ineficacia. Los resultados muestran que el 12% de los participantes sienten tecno-fatiga, 13% tecno-ansiedad y 11% presenta ambas condiciones, siendo más afectados los hombres que las mujeres.  

El equipo se ha ido consolidando, con el soporte del CEIEF de la Universidad de Santiago de Chile que dirige el Dr. Dante Castillo y donde Alejandro Vega participa como pasante de su segundo doctorado. Además del apoyo del Dr. Joan Boada-Grau de la Universidad Rovira i Virgili (Tarragona, España), tutor de tesis doctoral de la profesora Carla Estrada. Se encuentran preparando un primer estudio nacional junto al Colegio de Profesores y Profesoras de Chile que permita tomar medidas con evidencia científica.

Es preciso contar con antecedentes para levantar reglamentos y servicios de prevención, que evalúen riesgos e identifiquen las condiciones de trabajo que puedan verse afectadas por la introducción intensiva de las llamadas nuevas tecnologías.

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