Educación rural: compromiso con la transformación social

El pasado 26 de agosto se conmemoraron 100 años de la promulgación de la Ley Nº 3.654 de Instrucción Primaria Obligatoria en Chile, marcando las bases de una progresiva mejora de la cobertura en el incipiente sistema escolar del país. Esta ley generaría un proceso de cambio lento y complejo en la sociedad chilena de la época, siendo un foco de permanente tensión para los gobiernos de turno, ante un conjunto de demandas sociales (muchas de ellas históricas) que enfatizan la necesidad de avanzar en una mayor justicia social para todos/as, disminuyendo las innegables brechas existentes entre la educación pública y privada.

Dr. Eduardo Sandoval Obando Investigador asociado al Instituto Estudios Sociales y Humanísticos (IdeSH), Facultad de Ciencias Sociales y Humanidades, Universidad Autónoma de Chile.

A pesar de las legítimas diferencias y profundas críticas suscitadas frente al sistema escolar chileno, muchas de las cuales encuentran su expresión más evidente en la conformación de un conjunto de reformas escolares que tienden a reproducir las diferencias sociales existentes amparadas en un modelo económico neoliberal que propicia la fragmentación de los saberes, el individualismo y la competencia, quisiéramos centrar la mirada en la figura de los educadores/as rurales chilenos quienes probablemente han sido un agente histórico-cultural de enorme valor para el desarrollo educativo de aquellas comunidades más apartadas a lo largo y ancho del territorio nacional, quienes con una importante cuota de sacrificio, persistencia y liderazgo han contribuido a la promoción de una educación primaria de calidad y con pertinencia cultural anclada al territorio.

Es probable que muchos de estos/as educadores/as rurales han consagrado su vida a la educación pública bajo condiciones de infraestructura y conectividad adversas, relegando en parte su vida familiar o social, teniendo como norte el bienestar de nuestro mayor tesoro: los niños y niñas de nuestro país. Precisamente por ello, estas reflexiones tienen sentido y un enorme valor educativo, por cuanto sus experiencias (personales y pedagógicas) acumuladas a lo largo de los años esconden un conjunto de saberes valiosos para la mejora continua de la profesionalidad docente (en lo particular) y la educación (en lo general).

Según la Agencia de Calidad de la Educación (2017), las escuelas rurales en Chile corresponden a un 30 % del sistema, brindándoles un espacio formativo a 271.779 estudiantes. Además, de los 3.524 establecimientos rurales, el 51,8% corresponde a las denominadas escuelas multigrado (entre 1 y 10 estudiantes con varios cursos en una sala), mientras que el 8,5% de ellas tiene más de 50 estudiantes. El 21,2 % tiene entre 11 y 20 estudiantes y el 18,5 % entre 21 y 50 alumnos.

Mi investigación FONDECYT de Iniciación Nº 11190028 trabaja con esta realidad, buscando interpretar y comprender, desde la perspectiva narrativa generativa, las pautas de comportamiento construidas por el profesorado rural residente en las regiones Metropolitana, La Araucanía y Los Ríos, contribuyendo a la sistematización y generación de nuevas formas de comprensión de la profesionalidad docente rural, la que operaría como una profesión en la que existe una alta implicación en el desarrollo de uno mismo y de los demás (particularmente, de los más jóvenes), así como una alta inclusividad en lo que respecta al desarrollo individual y colectivo de los sujetos y comunidades con los que éstos se relacionan, transformándose en un constructo particularmente relevante durante los procesos de crecimiento y maduración en la adultez.

Las trayectorias vitales personales y profesionales del profesorado rural aportan antecedentes valiosos sobre sucesos relevantes, circunstancias, condiciones, criterios y relaciones que han orientado su quehacer personal y pedagógico, incidiendo en una mejora de la enseñanza y aprendizaje en la escuela rural, respondiendo a un compromiso ético y político que responde y es coherente con el espíritu y propósito de la ley Nº3.654 promulgada hace 100 años.

El trabajo de campo y el análisis de los datos recopilados hasta el momento en la investigación nos permiten develar tres condiciones interesantes y prometedoras para la comprensión de la educación rural en Chile. En primer lugar, los/as educadores rurales se posicionan como sujetos altamente comprometidos con su función docente en la ruralidad chilena, evidenciando un interés genuino por aportar y contribuir al desarrollo integral de las generaciones más jóvenes. Por ende, construyen relaciones cercanas y de confianza con sus estudiantes, favoreciendo la construcción de un espacio-tiempo educativo, flexible y optimista frente al aprendizaje y posibilidades de desarrollo cognitivo y emocional de sus estudiantes.

En segundo lugar, exhiben un autodesarrollo elevado que les permite desafiarse permanentemente y de manera crítica sobre su propio quehacer profesional. Es decir, despliegan temprana y transversalmente un conjunto de acciones y prácticas dirigidas a su crecimiento y maduración personal, que (intencionalmente o no) acaba por beneficiar positivamente al desarrollo integral del alumnado.

En tercer lugar, evidencian características y comportamientos propios de una adultez expansiva y productiva, exhibiendo secuencias de redención en su trayectoria vital, lo que les ha permitido afrontar los eventos vitales estresantes con un alto nivel de resiliencia. Al mismo tiempo, favorece un sentido de autoeficacia frente a su rol como educador/a y un mayor grado de ajuste psicosocial frente a los diversos desafíos y crisis que enfrentan a lo largo de su vida.

Finalmente, la profesionalidad docente rural desde la perspectiva narrativa generativa ofrece posibilidades de comprensión enriquecedoras y profundas acerca de cómo se construye la práctica docente en dichos contextos, admitiendo la emergencia de un conjunto de saberes, experiencias y valores que favorecen la construcción de una educación emancipadora y transformadora para el alumnado y sus comunidades de origen, trascendiendo con creces los límites definidos por el espacio-tiempo escolar. Una educación transformadora para todos y todas en la que se devela y enaltece la figura del educador/a rural como un agente de cambio y transformación social. Una educación que deja huella de corazón a corazón.

Columna publicada en El Desconcierto.

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