100 años de la ley de Educación Primaria Obligatoria: combatir las «salas vacías»

El Sexto Censo General de la República de Chile realizado en 1907 arrojó que el 48,4% de la población era analfabeta. Respecto de los niños entre 5 y 15 años, el análisis de las cifras mostró que solo el 17% de ellos asistía a clases. Revertir esta situación fue el objetivo de la «Ley de Educación Primaria Obligatoria» que entró en vigor el 26 de agosto de 1920, cumpliendo 100 años de vigencia esta semana.

Foto: La promulgación de la Ley de Instrucción Primaria Obligatoria se celebró con un feriado nacional y un gran acto cívico, el 29 de agosto de 1920. Archivo Fotográfico Museo de la Educación Gabriela Mistral. Página web del Ministerio de educación.

La Ley de Educación Primaria Obligatoria estableció en su artículo primero que: todos los niños chilenos entre los 6 y 16 años, que estudiaran en escuelas administradas por el Estado y las municipalidades del país, estaban obligados a cursar cuatro años de enseñanza básica. Para lograr este propósito estableció algunas medidas como mejorar la oferta educativa mediante «escuelas temporales» en lugares apartados y rurales; exámenes para aquellos niños que eran educados en sus casas, pero solo para los dos primeros años; prohibición del trabajo infantil menor de 16 años, creación de Juntas de Educación Municipales, para censar a todos los niños en edad escolar de su respectivo territorio y ubicarlos en establecimientos de enseñanza y supervisión de las condiciones de salud de los establecimientos, que el Estado arrendaba a particulares, para habilitarlos como escuelas; además de establecer sanciones, para los directores que incumplieran esta ley.  

Para mejorar la cobertura, la Ley estableció que todas las municipalidades formaran, si fuere necesario, escuelas elementales en su territorio jurisdiccional. En los casos del mundo rural, donde aún vivía dispersa buena parte de la población, obligó a los dueños latifundistas a crear escuelas con recursos propios y lo mismo determinó para los campamentos mineros y talleres (fábricas), que reunieran determinada cantidad de personas. Si estos privados no cumplían la ley, serían multados económicamente.  

Las cifras oficiales evidenciaban que durante las administraciones de Domingo Santa María y José Manuel Balmaceda, se había experimentado un crecimiento de establecimientos educacionales construidos por el Estado, pero en la práctica estaban vacías, producto del ausentismo y de la deserción estudiantil. El censo mostró, que estos progresos en alfabetización y matrícula escolar eran inferiores al crecimiento natural de la población chilena por lo que el analfabetismo iría en aumento sino se reelaboraba la política pública en educación.  

La promulgación tardó veinte años desde que el senador radical, Pedro Bannen, presentó el proyecto. Los sectores conservadores concentraron sus críticas principalmente en el excesivo poder que tendría el Estado central en la orientación de la educación de los niños, en que no se limitara la libertad de las familias de elegir la educación de sus hijos e incorporar (o mantener) la presencia de la enseñanza católica, en todas las escuelas públicas. Por su parte, liberales y radicales defendieron la no injerencia de la Iglesia en la educación pública y laica, la centralización de la política educacional, pero no cerrando, la oferta privada de educación.  

El 29 de agosto, el centro de Santiago vivió durante todo el día la celebración por la publicación de esta ley. El desfile fue encabezado por el mismo Darío Salas, que era el Inspector General de Instrucción Primaria, en el Palacio de La Moneda los marchantes fueron recibidos por el presidente Juan Luis Sanfuentes, ministros de estado y otra serie de autoridades.  

Como sostiene María Loreto Egaña: «… con propiedad (esta ley) puede ser considerada como el 2° hito más significativo en el desarrollo institucional de la educación primaria que imprimió una determinada orientación al desarrollo futuro de ésta». La Educación Primaria Obligatoria, consolidó el sistema educacional chileno con lo cual se avanzó notablemente en los niveles de escolaridad y cobertura.  

Así Chile conmemora los 100 años de la dictación, hito educacional que ha marcado la vida de al menos dos generaciones de chilenos. Hoy, según la Encuesta de Caracterización Socioeconómica (Casen) de 2017, el analfabetismo en Chile es de un 7%, mientras el nivel de escolaridad se de 9,1 años. Según los resultados PISA 2015, el 49% de los estudiantes de 15 años no tiene las competencias básicas mínimas para desenvolverse exitosamente en el siglo XXI. Estos datos demuestran que es urgente asegurar la calidad para todos los estudiantes. Los resultados están estancados y cerca del 50% de los alumnos no logra desarrollar habilidades básicas en comprensión lectora o matemáticas.  

Con esta nota empezamos una serie de artículos sobre el tema, historias de profesores normalistas, investigadores y especialistas, los protagonistas de la educación chilena.  

Información: https://www.archivonacional.gob.cl/616/w3-article-8090.html?_noredirect=1

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